Captando el interés del espectador desde el primer momento: segundo principio básico de publicidad

Todos estamos de acuerdo cuando decimos que vivimos en una sociedad saturada de información, de mensajes de las empresas para ofrecer una enorme diversidad de productos y servicios a los millones de consumidores que se encuentran inmersos en esa lluvia de publicitaria. Pero, la importante misión de las empresas no se queda sólo en enviar esos mensajes esperando la ansiada respuesta en forma de ventas, sino la de captar el interés, atraer el consumidor hacia su marca y fidelizarlo.

Nunca antes en la historia de la comercialización de productos se han visto las grandes y pequeñas empresas en semejante situación. Ya no estamos en la época en donde tan sólo era necesario etiquetar un producto para diferenciarlo de dos o tres en los estantes de los ultramarinos, si nos remontamos allá por la década de los 40. Ahora hacen falta etiquetas, promociones en el punto de venta, anuncios en prensa, radio y televisión y, lo que ya es una acción fundamental, la presencia en Internet y en las redes sociales.

Precisamente el debate sobre la dificultad de captar la atención del espectador desde el primer momento ya empezó con la televisión, cuando la presencia de un mayor número de anunciantes fue punto de mira de muchos países limitando la publicidad a través de leyes y diversas regulaciones.

Pero, al contrario de lo que muchos puedan pensar, estudios confirman que los anuncios son necesarios. Cuando la emisión de un determinado programa o página en Internet se corta en breves y estudiadas interrupciones, la experiencia es más agradable y genera más atractivo y curiosidad al espectador o usuario sobre la actividad que esté haciendo.

La atención se capta en los tres o cuatro primeros segundos del anuncio. Para conseguirlo se emplean técnicas como la intriga (a través de un mensaje incompleto que se resolverá en un anuncio posterior), la creatividad (generando sorpresa y curiosidad en el espectador), a través de una buena historia o aludiendo a estímulos emocionales, sentimientos o el humor.

Una vez consigamos la atención de nuestro público en estos primeros segundos, gran parte del trabajo estará hecho. Ahora será la habilidad de la empresa o el publicista la que determine si el mensaje logrará mantener el interés, generará el deseo por el producto que se anuncia y que concluya, finalmente en la deseada venta.

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