La aglomeración publicitaria que sufrimos en la red ha provocado que la publicidad sea considerada como algo perniciosa e intrusiva. De hecho una de sus características principales que es la de realizar comunicaciones persuasivas, ha desbancado en negativo a otro de sus pilares, la información.
Se le considera a la propia publicidad como persuasiva casi como un calificativo despectivo por su principal misión: la de crear, modificar actitudes y respuestas ante determinados productos, servicios o ideas. Pero es que además, a pesar de la equivocada creencia de que la publicidad tan sólo es persuasiva, lo cierto es que también ejerce una función informativa, ya que transmite el conocimiento sobre esos productos, servicios e ideas a la comunidad.
¿Acaso no se tardaría más en difundir los nuevos avance técnicos para los automóviles o los servicios que ofrece el gobierno a sus ciudadanos sin la publicidad? Este tipo de información que, en cierto modo, también entraña una función persuasiva, se difunde de forma más heterogénea y democrática entre la población gracias a la publicidad.
Pero la creencia es que la publicidad informativa es menos dañina que la publicidad persuasiva se queda en precisamente en eso, una simple creencia. Ambas funciones son necesarias y se entrelazan en la mayoría de los casos.
La persuasión permite marcar la diferencia entre un anuncio publicitario y otro tipo de contenido, permite identificar el mensaje publicitario a través de un tipo de argumentación propia, consigue la atención del espectador y alienta su deseo por el producto. Un ejemplo de mensaje persuasivo lo encontramos en los anuncios de grandes coches todoterreno que nos invitan a vivir grandes aventuras y momentos inolvidables, llegando así a los deseos más profundos del espectador.
Las técnicas persuasivas no son más que elementos simbólicos que cobran sentido dentro de la publicidad como son la identificación del producto y sus características, a través de una presentación, ante los receptores del mensaje, de una manera atractiva para que puedan valorarlo de forma positiva.
No es más beneficiosa un tipo de publicidad que otra. El uso de las herramientas y el lenguaje cada una vendrán determinados por el tipo de producto que queramos hacer llegar. Todo ello junto con un mensaje publicitario que de sentido a la compra o uso del producto y que llegue emocionalmente al espectador, conseguirá el crear el coctel para el anuncio perfecto.
Publicidad persuasiva vs. publicidad informativa
La aglomeración publicitaria que sufrimos en la red ha provocado que la publicidad sea considerada como algo perniciosa e intrusiva. De hecho una de sus características principales que es la de realizar comunicaciones persuasivas, ha desbancado en negativo a otro de sus pilares, la información.
Se le considera a la propia publicidad como persuasiva casi como un calificativo despectivo por su principal misión: la de crear, modificar actitudes y respuestas ante determinados productos, servicios o ideas. Pero es que además, a pesar de la equivocada creencia de que la publicidad tan sólo es persuasiva, lo cierto es que también ejerce una función informativa, ya que transmite el conocimiento sobre esos productos, servicios e ideas a la comunidad.
¿Acaso no se tardaría más en difundir los nuevos avance técnicos para los automóviles o los servicios que ofrece el gobierno a sus ciudadanos sin la publicidad? Este tipo de información que, en cierto modo, también entraña una función persuasiva, se difunde de forma más heterogénea y democrática entre la población gracias a la publicidad.
Pero la creencia es que la publicidad informativa es menos dañina que la publicidad persuasiva se queda en precisamente en eso, una simple creencia. Ambas funciones son necesarias y se entrelazan en la mayoría de los casos.
La persuasión permite marcar la diferencia entre un anuncio publicitario y otro tipo de contenido, permite identificar el mensaje publicitario a través de un tipo de argumentación propia, consigue la atención del espectador y alienta su deseo por el producto. Un ejemplo de mensaje persuasivo lo encontramos en los anuncios de grandes coches todoterreno que nos invitan a vivir grandes aventuras y momentos inolvidables, llegando así a los deseos más profundos del espectador.
Las técnicas persuasivas no son más que elementos simbólicos que cobran sentido dentro de la publicidad como son la identificación del producto y sus características, a través de una presentación, ante los receptores del mensaje, de una manera atractiva para que puedan valorarlo de forma positiva.
No es más beneficiosa un tipo de publicidad que otra. El uso de las herramientas y el lenguaje cada una vendrán determinados por el tipo de producto que queramos hacer llegar. Todo ello junto con un mensaje publicitario que de sentido a la compra o uso del producto y que llegue emocionalmente al espectador, conseguirá el crear el coctel para el anuncio perfecto.
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