Emplear correctamente las herramientas publicitarias: noveno principio básico de publicidad

Si para pintar los pequeños detalles de un cuadro utilizamos tan sólo el pincel  más fino y no la brocha más gruesa, de igual manera haremos uso de las herramientas más adecuadas en publicidad para hacer uno u otro mensaje.

La publicidad es un arte y, como tal, emplearemos coherentemente sus herramientas publicitarias. Tanto la publicidad, como el marketing y la comunicación cuentan con herramientas muy potentes y eficaces que nos permiten crear piezas únicas y singulares.

Herramientas publicitarias

Cada una aporta beneficios y ventajas diferentes. En función de aquello que queramos expresar será más adecuado hacer uso de unas u otras. Puede decirse que las distintas herramientas con las que cuentan los publicistas y los departamentos de comunicación son:

  • El mensaje: la base de una buena idea publicitaria queda plasmada un buen mensaje. Una información que captará el objetivo de aquello que se pretende transmitir mediante un conjunto de textos, símbolos o imágenes. El mensaje es una de las herramientas publicitarias más delicadas ya que si no se define correctamente los destinatarios del mensaje, el objetivo de éste puede quedar diluido y su efectividad se perderá por completo.

  • La tipografía: es una de las herramientas que dan forma a ese mensaje. Del tipo de escritura que utilicemos dependerá la legibilidad de nuestro mensaje o que este se recuerde con mayor o menor fuerza en la mente de nuestro público.  La elección de un tipo u otro dependerá de lo qué queremos mostrar y cómo lo queremos mostrar, pero deberemos tener en cuenta la facilidad de lectura, su sencillez y los colores con respecto al fondo y al resto de imágenes.

  • Colores: una herramienta pensada para jugar con el espectador y provocar en él las reacciones que deseemos. La fuerza y el simbolismo de los colores es una herramienta muy potente en publicidad. Dependiendo del color que hayamos elegido, los sentimientos que despertaremos serán unos u otros. Por otro lado, debemos utilizarlos con cuidado y sentido común, pues el mínimo cambio puede provocar una reacción completamente distinta. Por ejemplo, se podría decir que el naranja es un color que implica acción, energía y entusiasmo pero que mezclado con tonos marrones u ocres nos transporta a ideas como la conspiración o la presión. 

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